Naturaleza y Cultura.

Estado del Arte 1

La atmósfera, aquella capa invisible para muchos, recubre todo el planeta envolviéndonos y haciéndonos a todos partes de ella. Es esta nuestra capa planetaria por excelencia, ya que nos pertenece a todos y por igual. En una escala inferior podemos observar los ambientes, constituido por condiciones particulares aunadas en ciertos lugares. Se reconocen ambientes boscosos, áridos, costeros, polares, tantos como condiciones diversas existen sobre la tierra. En consecuencia la atmósfera es un volumen de ambientes sobre la tierra.

El fenómeno invernadero sucede en la atmósfera, y lo que importa saber es que gracias a éste es que tenemos una temperatura “estable” en la tierra, que nos permite vivir y que seamos lo que somos. Este fenómeno al parecer puede ser sencillo, pero trae consecuencias complejas e impredecibles para todos nosotros. El dióxido de carbono y otros gases atmosféricos presentes en la atmósfera permiten el paso y el control de los rayos solares, estos reaccionan en la tierra generando energía infrarroja y calor, hasta ahí un hecho físico básico. El calor generado en la superficie de la tierra sube haciendo “vibrar” las moléculas de carbono y sus pares moléculas atmosféricas diversas, descargando su “vibración” en gases y moléculas nuevamente hacia la superficie de la tierra manteniendo el calor en este saco materno terrestre. El fenómeno invernadero produce en este ciclo de arriba a abajo una equilibrada temperatura para que podamos vivir en la tierra.

La aceleración del proceso significa el calentamiento del sistema y el aumento de la temperatura. La gran aceleración en la evolución humana en términos de calentamiento de la tierra se observa en la revolución industrial, ésta transformó radicalmente el tiempo de toda la producción sobre la tierra, un litro de petróleo genera la misma energía que veinte cuatro pares de brazos. Este solo dato permite comprender que el hombre se liberó completamente del tiempo. De hecho tiene tiempo “libre” que sería como detenerse en el tiempo o detener el tiempo. Pero si la producción de todo queda en manos, o mejor dicho entre máquinas, el techo de producción no son las necesidades de quienes requieren ese producto, sino la industria que sostiene esa máquina. La extracción de petróleo permite que la industria marque paramentos de producción ilimitados, de gran volumen y largo alcance sobrepasando las necesidades de las personas. Solo observemos la industria de comida rápida, la automotriz, tecnología en general, la construcción, todas instalan necesidades en los individuos cotidianamente generando mayor consumo y desecho, y en consecuencia la aceleración del sistema.

Esta aceleración esta sobre calentando la tierra, esta velocidad en estado de aceleración ha transformado a ríos en pequeños hilos de agua, la sobre manipulación de la tierra agrícola hoy ya no permite por ejemplo producir algunos productos locales, una sobre extracción de materia prima de canteras geográficas periféricas a la ciudad, y un aumento de escombros en vertederos con materiales de construcción y demolición. En consecuencia nuestra sociedad actual no tiene un problema de velocidad, sino de aceleración, la máquina que hemos construido los últimos 150 años tiene una velocidad, pero colapsa cuando la aceleramos incansablemente.

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Fotografías aéreas de Bogotá – Colombia

Se introduce al texto comentando lo que se llama  fenómeno invernadero, para que visualicemos el contexto natural atmosférico en el que estamos inscritos hoy. En esta naturaleza nos encontramos, en esta “disputa” se ha encontrado la relación entre naturaleza y cultura, y es aquí donde está instalada la arquitectura.

Por mucho tiempo se tomó a la naturaleza como algo inalcanzable, como aquello alejado de la condición humana, distante del hombre, bello por su propia naturaleza. Jean Jacques Rousseau (Ginebra, 1712-1778) definía esta relación en el siglo XVIII como onírica, una naturaleza alcanzable sólo en los sueños, en la realidad está debía conservarse intocable, natural, en su propia expresión. Esto permitiría comprender que toda acción pensada y realizada por el hombre quita naturalidad a la naturaleza. La creación generada por el hombre desde esta mirada es anti-natural, la cultura es distinta a la naturaleza.

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Imágenes del terremoto tsunami sur de chile 2010 – y del huracán Katrina el 2005

Esta discusión entre naturaleza y cultura, es más frecuente de lo que pensamos, de hecho la naturaleza cada tanto nos remece con terremotos, tsunamis, huracanes, erupciones volcánicas poniendo en jaque nuestra lógica de diálogo con la naturaleza. El terremoto de 1999 sobre el eje cafetero colombiano con una magnitud de 6.4 grados en la escala de Richter, que tuvo efectos destructivos para la ciudad de Armenia; el terremoto en el océano índico el año 2004 que ocasionó una serie de tsunami en las costas sur y sureste de Asia, incluyendo partes de Indonesia, Malasia, Sri Lanka, India y Tailandia; el huracán Katrina en el atlántico del año 2005 que afecto mayoritariamente la ciudad de Nueva Orleans; el terremoto del 27 febrero del 2010 en el centro sur de chile con una magnitud de 8,6 grado; sólo por nombrar algunos hechos que nos refresca nuestra acción y relación sobre el territorio.

Esta relación también es abordada por varios pensadores y escritores del siglo XIX y XX. El antropólogo Lévi Strauss define la disciplina de la antropología como aquella que estudia la relación entre naturaleza y cultura. Félix Guattari en su libro las tres ecologías se sitúa dentro de la “ecosofía”, movimiento de la ecología que  inscribe al humano como parte insertada en la totalidad y no en la cumbre de una supuesta jerarquía de los seres vivos. Es una visión que acaba con la perspectiva antropocentrista y que aproxima al humano a lo que tiene que ser la ética medioambiental. Esto demuestra una búsqueda de relación simbiótica entre la naturaleza y el ser humano. Bruno Latour filósofo contemporáneo francés en su libro “Políticas de la Naturaleza” abre un camino de diálogo, discute el tipo de relación y el cómo relacionarnos con la naturaleza, “una vez la naturaleza puesta a un lado, la cuestión pasa por saber cómo reunir al colectivo. (B. Latour. 2012 p.4).

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Desde la arquitectura, Buckminster Fuller nos abre un camino para comprender que el sistema planetario en el cual estamos inscritos tiene límites, y que debemos diseñar el planeta en su relación global, aunado naturaleza y cultura, ya que como él mismo expresa, “vivimos en una nave espacial llamada tierra”. Fuller es uno de los primeros que comprende que la crisis energética no sólo puede ser expresada desde las ideas de energías renovables o la sustitución del petróleo, sino de la energía como proceso y transformación de la materia. De hecho es unos de los primeros arquitectos en introducir las ideas de la segunda ley de termodinámica a la arquitectura al trabajar por ejemplo con sistemas geométricos estructurales abiertos.

Es aquí cuando comenzamos a observar una energía como base de diseño; edificios, insectos, personas, animales y máquinas participan de diferentes categorías, pero son iguales en una, todos ellos necesitan de energía para estar y funcionar.

Es la energía y la transformación de la materia lo que ha puesto en evidencia nuestro impacto en esta nave espacial llamada tierra. Es en este escenario donde se inscribe la investigación poniendo como base una discusión energética desde la termodinámica dirigida por y hacia la arquitectura.

Escrito por Sebastian Contreras Rodriguez  – Arquitecto